04 noviembre, 2005

 

Menonnitas, petróleo y rangers en el Paraguay

César Sánchez Bonifato (*)


A mediados de 1926 llegaron los primeros menonnitas al Paraguay para radicarse en el inhóspito Chaco Boreal. Procedían de Canadá y Alemania, eran introvertidos, raros en sus vestimentas, y muy trabajadores. En las negociaciones tendientes a la obtención del permiso del Parlamento y del presidente liberal Eligio Ayala, le cupo al banquero Samuel Mc Robert, titular del Metropolitan Phoenix and Trent Corporation de Nueva York, una activa participación.

No muy lejos de los primeros asentamientos en medio de un territorio en disputa con Bolivia, se habían descubierto yacimientos de hidrocarburos en los anticlinales del Altiplano. Ahogado por la condición de Estado mediterráneo, Bolivia buscó vías de salida para exportar el mineral con respaldo de la Standard y la California Oil, ambas firmas representadas por el embajador de EE.UU. en Chile Spruille Bradem, quien luego mantendría duros enfrentamientos con Juan Domingo Perón en Buenos Aires.

El presidente boliviano Daniel Salamanca gestionó ante su colega Hipólito Irigoyen la construcción de un ducto entre Tarija y Santa Fe. Irigoyen se opuso porque quería mantener a la Argentina al margen del conflicto que se veía venir. Como los chilenos le habían despojado del litoral sobre el Pacífico, los bolivianos en su afán por sacar el petróleo por agua, no tuvieron otra opción que avanzar buscando llegar hasta el río Paraguay.

Destituido Irigoyen por el golpe militar encabezado por José Félix Uriburu , nadie pudo frenar la guerra del Chaco librada entre 1932 y 1935 por dos naciones despobladas y empobrecidas, que dejó como saldo 100.000 muertos.

Una tragedia causada por intereses extranjeros, poco conocida en el resto del continente.

Lucha de corporaciones

El gobierno argentino de Agustín P. Justo, fuertemente vinculado con Gran Bretaña, apoyó al Paraguay mediante entrega de armas, combustible, alimentos, créditos bancarios e informaciones sobre movimientos de tropas en la frontera norte. Los bolivianos recibieron asistencia militar de Alemania y Chile, además de aviones y dinero de los EE.UU.

Varias batallas se sucedieron cerca de las colonias mennonitas. El despliegue de los paraguayos fue arrollador, llegando hasta las estribaciones de los Andes donde se erigían las torres petroleras en manos de los yanquis. Por arte de magia cesó el fuego, comenzando negociaciones que culminaron con la firma del Tratado de Paz en 1938, en las que descolló el canciller Carlos Saavedra Lamas, primer Premio Nobel de la Argentina.

Ya nadie discute hoy que aquella fue una lucha por el dominio de las cuencas petrolíferas en el corazón del Mercosur, en una época en donde los Estados Mayores de los ejércitos sudamericanos estaban influenciados por ideas nazifascistas. A los intereses cruzados de la Shell y la Standard, se sumaban los de fabricantes de armas que aprovecharon la coyuntura para probar el funcionamiento de nuevos cañones, pistolas ametralladoras, lanzallamas, morteros y hasta aeronaves artilladas, utilizados después en la Segunda Guerra Mundial, donde los industriales de la muerte ganaron fortunas.

Esto pasó hace 70 años. Nunca los bolivianos se desprendieron de la estatal YPFB y a través de inversiones privadas y oficiales, explotaron sus yacimientos con resultados dispares. Supieron vincularse con países vecinos mediante oleductos y gasoductos que transportan el rico mineral hasta puertos sobre el Atlántico. En el Paraguay en cambio, no prosperaron los intentos de extraer petróleo, pese a claros indicios de existencia en áreas limítrofes con Formosa, Salta y con Bolivia.

En charla con Alfredo Stroessner en 1988, meses antes de ser derrocado, éste expresó: "mientras yo gobierne no dejaré que se metan los petroleros porque causan problemas que siempre terminan mal...". Como es sabido, la dictadura que impuso perduró 35 años...

Los giros de la historia

Quien recorre hoy la avenida Españ de Asunción, donde funcionan embajadas y colegios al que asisten hijos de diplomáticos, se encontrará con una iglesia imponente. Pertenece a la corriente anabaptistas "Raíces" fundada por el pastor holandés Enno Simons, cuyo nombre identifica a los mennonitas de todo el mundo.

La esposa del presidente Nicanor Duarte Frutos y varios componentes del gabinetes ministerial están identificados con la religión a la que también adhiere George W. Bush, además de otros connotados funcionarios de la Casa Blanca.

No muy lejos de Filadelfia, la principal ciudad del Chaco paraguayo que crece por impulso del trabajo incansable de los menonnitas, Stroessner mandó construir -con fondos del Departamento de Estado- un aeropuerto de 3.200metros de longitud, adaptado a operaciones de aviones de gran tamaño. La base llamada Mariscal Estigarribia fue inaugurada justo cuando los argentinos combatían con los ingleses por la recuperación de nuestras Malvinas en 1982.

Paradójicamente, radios paraguayas manejadas por el régimen dictatorial, retransmitían boletines de la BBC en castellano, lo que causó desazón y desconcierto en poblaciones argentinas de la región.

En septiembre último, arribaron al fortín Gabino Mendoza ubicado a corta distancia de territorio boliviano, 44 camiones procedentes de Santa Cruz de la Sierra, trayendo maquinarias y tecnología como parte deun operativo ordenado por Duarte Frutos, apoyado por multinacionales de origen anglo-norteamericanas. Entre las compañías figuran CDS Energy, Morrison Minning y Paraguay & Gas. Según el ministro de Minas y Energía, Héctor Ruiz Díaz, "ahora sí vamos a disponer de nuestro propio petróleo, porque más de 20 perforaciones dieron resultados positivos".

Extrañas coincidencias en el difícil contexto mundial del presente: religiones exóticas que difunden sus "Biblias electrónicas" por TV; la secta Moon que vino de Corea para quedarse con extensas propiedades en el Alto Paraguay, unidas a multinacionales dedicadas a localizar reservas petrolíferas y de agua dulce, sobrevuelan los vastos territorios de América del Sur.

Correspondería seguir de cerca el caso paraguayo. Allí los rangers se mueven con comodidad: cuentan con inmunidad diplomática para desarrollar labores sociales y entrenar a soldados nativos "en el combate contra el terrorismo y el narcotráfico", al igual que en Colombia.

En rigor, los militares de EE.UU. permanecen en Paraguay desde 1985 en cumplimiento de misiones específicas, incluyendo a pilotos que manejan aviones dotados de radares con alta potencia (Awac) y modernos equipos para controlar la expansión de cultivos de marihuana -que hoy amenaza con convertirse en el principal ingreso de los agricultores guaraníes- y el ingreso de cocaíana procedente de Bolivia.

Cabe consignar que en mayo último, la Legislatura paraguaya aprobó en sesión secreta el proyecto remitido por Duarte Frutos, otorgando inmunidad a miembros del Comando Sur con asiento en Panamá. Su número va en aumento, estimándose de los 270 efectivos actuales, se llegará a 2.000 en 2006. Estas tropas se encuentran dispersas por el departamento Alto Paraná que limita con Misiones y con Brasil, cuya capital es Ciudad del Easte, en la Triple Frontera. Asimismo, patrullan los departamentos de Canindeyú y Amambay, fronterizos con los estados brasileños de Matto Grosso do Sul y Paraná, donde hay constantes movilizaciones del poderoso Movimiento de los Sin Tierra (MST) del Brasil.

(*) Publicado en Le Monde Diplomatíque de noviembre de 2005.

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