17 octubre, 2005

 

El valor de las palabras

Jorge Gómez Barata

"Predica todo el tiempo, si es necesario utiliza las palabras"

San Francisco de Asís


Cuando sobran, las palabras abruman, pierden eficacia y el discurso en lugar de persuadir, aburre. También son ociosas cuando elogian en demasía, resaltan lo obvio o intentan convertir en trascendente lo trivial. Nunca son peores que cuando se utilizan para ocultar la verdad en lugar de revelarla.

No fue en una junta de la Academia de la Lengua, sino en la Cumbre Iberoamericana que en Salamanca congregó a los mandatarios latinoamericanos y de España y Portugal o a sus representantes, donde acaba de establecerse que bloqueo y embargo no son sinónimos no pueden ser utilizados como sucedáneos ni uno debe ocupar el lugar del otro.

La confusión, conscientemente introducida por los Estados Unidos, tal vez para amortiguar el peso que sobre su conciencia hace recaer su injusta e injustificada guerra económica contra Cuba, duró más de cuarenta años.

Desde hace mucho tiempo, en conferencias y eventos internacionales para aludir en tono critico la política norteamericana hacía Cuba, sin molestar excesivamente a los representantes imperiales, se acudía a imaginativos eufemismos como: "medidas coercitivas", "trabas al comercio internacional" y otras formulas para evitar llamar por su nombre al bloqueo contra Cuba.

Como para que no hubiera lugar a equívocos, la formulación adoptada por la Cumbre Iberoamericana de Salamanca, no sólo fue clara, sino categórica e incluso perentoria:

"Solicitamos ? dice el texto de la Declaración Final ? en particular al gobierno de los Estados Unidos que con carácter inmediato detenga la aplicación de las medidas adoptadas en el curso de los dos últimos años con el objetivo de fortalecer y profundizar el impacto de su política de bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba".

De haberse tratado de una reunión académica, se hubiera reflexionado acerca de que las palabras y luego el lenguaje surgieron en lo ignoto de los tiempos, cuando los hombres necesitaron comunicarse para relacionarse, asociarse, colaborar, convivir y trascender y se hubiera insistido en que ellas son los instrumentos con que se construyen las doctrinas, las tesis y las teorías, se escriben los tratados, los relatos, los poemas y las canciones, se difunden las ideas y se preserva la memoria histórica.

Nadie ha evidenciado mejor que Jesucristo el poder le las palabras con las que en su breve paso por la tierra predicó una ética en la que mentir, levantar falsos testimonios y blasfemar son pecados que pueden cometerse con palabras.

Nunca antes la embajada norteamericana se había preocupado tanto por la pureza de la lengua, al punto de declarar que se muestra inquieta porque la palabra embargo haya sido desechada para colocar en su lugar bloqueo, que es la que corresponde. Tienen razón en inquietarse.

El paso está dado y el precedente se ha creado, nunca más volverá a retrocederse a la infamia de utilizar un eufemismo para ocultar el crimen que significa intentar matar de hambre a un país.

No obstante, sobran oportunidades. Estados Unidos tiene a su alcance la fórmula para evitar que una y otra palabra sean invocadas, citadas o escuchadas: cese la guerra económica contra Cuba, asúmase con altura la lucha política y bloqueo, tanto como embargo pasaran al olvido.

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